Es interesante la generación en la que vivo haya crecido en la crisis. Se habla de la crisis del 95, de crisis en los precios, de todo tipo de crisis que han venido a afectado a México durante ya dos décadas y ha provocado que la población mexicana, si no se ha acostumbrado a hablar de crisis, por lo menos está bastante familiarizada con el término.
Sin embargo, habría que empezar definiendo crisis, antes de empezar a hablar de ésta. El diccionario de la lengua española tiene como uno de los significados: “Cambio importante en el desarrollo de un proceso que da lugar a una inestabilidad” y “Problema, conflicto, situación delicada”. Mirando hacia atrás, hemos tenido entonces varias crisis. DE hecho una sola: México vive una “situación delicada” y un proceso de “inestabilidad” por ya un buen tiempo y no sólo eso: En vez de innovar y crear soluciones y estrategias que lo hagan salir de esta situación, se a acostumbrado a vivir cómodamente dentro de las crisis.
Si bien es cierto que esta crisis fue culpa Estados Unidos, esto no es necesariamente verdad. La verdad completa es que la mayoría de los países en desarrollo hemos dejado cierta parte de nuestro patrimonio y economía en manos de los Estados Unidos de América, dejando por sobreentendido que no se puede tener una administración completa, sobre todo en los países de América Latina.
Pero entonces, ¿por qué Brasil, uno de los países equiparables en desarrollo a México, ha sido de los primeros en salir de esta crisis mientras que México se ha quedado estancado en este fenómeno? La respuesta es redundante, constante y contundente: México está sometido a papá Estados Unidos de América desde que mi generación tiene memoria. EE.UU. acosa a México a cada paso que le conviene. Es evidente que a Estados Unidos no le preocupamos ni le importamos, sólo le interesamos.
Evaluemos en una comparativa a México con cualquier otro país al que se le considere que le haya pegado la pasada crisis económica (recordando que nuestro amigo y querido Agustín Carstens llamara a este fenómeno un catarrito). La economía de México se contrajo en un margen bastante amplio. De hecho, nuestro PIB cayó un .02 más bajo a comparación de la crisis del ’95. Al mismo tiempo, arias empresas del sector privado no sólo no se contraían, sino que seguían avanzando y progresando, aumentando sus utilidades y brillando por encima de la oscuridad que pasaba el país en un momento tan crítico como el cierre del año. En otro lado del globo, Brasil acababa de anunciar alianzas estratégicas desde las oficinas de PETROBRAS (siendo México uno de los principales anuncios dentro de estas alianzas) y no sólo eso: tiempo después, Ignacio Lula da Silva encabezaba un movimiento en pro de América Latina con más poder que el que se había concebido en el ALADI y necesitaba un foco de concentración donde el diálogo se diera de manera congruente y pacífica. Ese último evento se dio en la cumbre de Río, celebrada en nuestro país. Ya se que fuera el momento oportuno o una situación parecida, Da Silva logró su cometido: encabezar un movimiento por sobre la alianza el TLCAN y en especial, de Estados Unidos de América mismo.
Primero que nada, para mí no es de relucir que compañías de la talla de CEMEX o TELMEX hayan sacado provecho de esto. Estos eventos sólo demuestran una falta de credibilidad económica nacional y una ausencia de solidaridad de empresas mexicanas para con su país. Sus asociaciones civiles que tanto evocan el desarrollo social y el compromiso con México son simplemente máscaras de producción de dinero que de ninguna manera ayudaron al Estado en la situación en la que se encontraba.
Al final del período “normal” de crisis, el período post crisis fue peor para México y no sólo en el sentido de que seguíamos cayendo y vislumbrar el fin de los efectos de la crisis era pensar en soluciones a largo plazo que de nada servían en el momento.
No. También significó que un sector de la sociedad mexicana abriera los ojos. Abriera los ojos y se diera cuenta que la administración federal mexicana carecía de soluciones inteligentes y frescas que pusieran a México en un nuevo nivel de competencia y se divorciara parcialmente de la economía estadounidense. En vez de eso, regresamos como esposa abnegada y maltratada a los brazos de una economía que hasta el día de hoy, se esmera en hacernos la vida imposible y recordarnos que existe una supremacía económica norteamericana que debe ser lo más cercano posible a un modelo de religión. Y si no, no hay más que echarle un vistazo a la Ley Aduanera o al TLCAN. Citaría al Código de Comercio, pero es en algunas partes aún más antiguo que la Constitución misma.
Y no tacho de mala a la administración mexicana, sino de poco inteligente. Nos hace falta ponernos de acuerdo, crear soluciones, salir como sociedad civil e incentivar el comercio, a la gente, al país a que se desarrolle y crea en su riqueza. Pero ¿cómo es eso posible si México libra una de las batallas más violentas que la población haya afrontado?
En tiempos pasados, la administración del Partido Revolucionario Institucional dejó que el narcotráfico se apoderara de un sector económico del país, dejando una cifra bastante considerable en el rubro de errores y omisiones de los libros contables del país. Sin embargo, nuestra empatía y el gobierno regido por caciques, compadrazgos y viejos conocidos no vio más allá de un negocio jugoso y rentable a corto plazo. Nunca imaginó desatar el infierno dentro de la caja.
Al día de hoy con la declarada guerra mediática que Calderón Hinojosa en contra de narcotráfico, no hemos dejado de ver violencia en cualquier canal de difusión de nuestra elección. Para muestra, la edición impresa de Milenio Noticias lleva un conteo en su página principal de personas víctimas del narcotráfico, en especial de los cadáveres que deja a su paso uno de los negocios sucios más populares de América Latina. El hueco comercial que deja este negocio es una flaqueza que la administración del señor Calderón Hinojosa no logra resolver de manera efectiva y contundente. En lo que va del año (Hasta el término de los reportes del 2009, en e mes de noviembre) se nos ha bombardeado con la captura de cerca de 67 mil presuntos narcotraficante so relacionados a este negocio. Tomemos en cuenta que el gobierno considera narcotráfico desde los drogadictos sorprendidos consumiendo o comprando, un rubro importante de los que incurren en los llamados “delitos contra la salud”, burreros y mercenarios contratados por el crimen organizado.
De éstos 67 mil, ocho son realmente cabezas de algún grupo o de importancia para un cártel. Ocho. Y eso es uno de los tantos datos que no se molestan en mencionar en las campañas televisivas.
¿Otro dato? Se requirieron 10 mil efectivos en las operaciones de Chihuahua para detener a 5,856 presuntos relacionados con el narcotráfico (insisto, con el perfil mencionado anteriormente) Más de la mitad ya han sido liberados.
Tal vez esto sea una crisis de corte social. Sin embargo, en un país en el que reina la inseguridad ¿quién se atreve a invertir del exterior? y sobre todo ¿cómo espera el gobierno que los civiles continúen un negocio donde lo peor que puede pasar no es una pérdida económica sino la pérdida de la vida a manos del crimen organizado? Definitivamente, se oye muy lejano el plan que Calderón Hinojosa proponía a principios de su administración. Definitivamente, México 2020 suena muy lejano en estos momentos, en el marco de los festejos de nuestra independencia y del tan citado centenario y bicentenario. El país necesita una celebración de este suceso, sí. Pero debemos celebrar cuando nuestro país tenga siquiera estabilidad.
Es en este momento crítico nacional, cuando se deben tomar decisiones que afecten directamente a la economía de la república de manera contundente. Si bien Calderón tuvo la valentía de enfrentar al narcotráfico, es una batalla mediática que simplemente ha dejado saldos sangrientos durante ya varios meses y cuya información es tan filtrable y moldeable como los medios de comunicación lo permiten. Pero se debe tener la valentía para también cambiar paradigmas que por mucho tiempo han impuesto una opresión sofocante a los instrumentos y aparatos que mueven la economía de este país.
¿Cómo se debe cambiar a los Estados Unidos Mexicanos? Es una pregunta que a pesar del tiempo, aseguro que casi ningún jefe de estado que haya ocupado la ancha y cómoda silla presidencial se haya puesto a pensar después de probar las delicias del poder. En primer lugar porque una vez satisfechos los intereses personales, la moralidad y educación mexicana no da para una visión amplia de ayudar a nuestros iguales (en este caso, la población mexicana). Segunda, porque ayudar a los demás implica compartir el botín con gente que se encuentra fuera del ámbito político. Tercera, porque la misma pregunta implica un “deber ser”. Y el deber ser en México ha sido usado no para perfeccionar la infraestructura y matriz de nuestro Estado, sino para perjudicarla y volverla cada vez más alevosa y ventajosa a favor de la minoría controladora que rige a la nación.
Entonces y modificando la pregunta ¿Cómo se puede cambiar a los Estados Unidos Mexicanos? Primero que nada y pensando como jefe de Estado, se debe evitar en la mayor medida posible la desviación de recursos de cualquier índole para destinarlos a los proyectos y nuevas ideas de progreso para el país. Si se evita una desviación de recursos masiva, el Estado recaudará material suficiente para crear una base sólida desde la cual se puede proyectar un México diferente dado que en este mundo, las buenas ideas únicamente aterrizan con recursos y confianza en la misma.
Después, se deben cambiar los paradigmas. Todos y cada uno de los que afecten al Estado. Es claro que partidos políticos y otras instituciones nacionales (Por ejemplo, el IFE o PEMEX) tienen sistemas de abolengo en los cuales el compadrazgo y el caciquismo hacen que gente inepta ocupe puestos que deberían tener un peso mayor y deberían también ser ocupados por gente de calidad tanto profesional y moral como humana y con una responsabilidad hacia la nación. Con esto quiero decir que hay gente mexicana dispuesta a cambiar, simplemente hay que buscarla con cuidado. ¿Cómo se puede dejar a la gente no apta afuera de las instituciones? Mejorando y afinando los filtros de contratación de las instituciones e impulsar los organismos de regulación y transparencia, dándole a éstas últimas más capacidad de emitir sanciones hacia los instrumentos que resulten ineficientes para el desarrollo del país. Aplicar esto es también una solución indirecta para la fuga de cerebros, ya que se dejan libre puestos a gente mejor preparada y que quiere trabajar para realizar cosas grandes en territorio mexicano.
Y no sólo paradigmas tan complicados como éste, sino aquellos tan simples como la apatía del mexicano ilustrada con la popular frase “que lo haga alguien más”. La conciencia civil entra también en este rubro y hay que hacerle frente, puesto que la sociedad civil es un pilar de suma importancia en la base del Estado.
También se debe acrecentar la confianza hacia el país. Como dije anteriormente, la violencia, el narcotráfico y el crimen organizado han debilitado la creencia de que este país pueda lograr algo más que encarcelar delincuentes para luego dejarlos salir. Si se refuerzan y replantean los instrumentos tanto judicial como jurídico en este país, tanto la sociedad civil que abre microempresas como el sector privado nacional y extranjero volverán a reactivar la economía de este país, creando una gama de productos y servicios sólida que ofrezcan oportunidades de trabajo y una oportunidad para ganar prestigio a nivel internacional, impulsando a su vez el comercio exterior. Dentro de este punto, también se debe tomar en cuenta que el Estado en todo momento debe estar al tanto de la participación de extranjeros y creadores de monopolios (Televisa, por ejemplo), asegurando que los intereses de este sector privado no afecten ni influyan de ninguna manera las decisiones del poder ejecutivo y legislativo de este país.
La educación. Es uno de los rubros que se puede “arreglar con dinero”. Si se invierte más en educación, es posible que esta sección del país crezca. Es cierto, muchas veces se ha intentado. Pero si la educación en México no avanza es por diversos factores que enumeraré a continuación.
Uno: El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación es en mi opinión, el que debió haberle hecho segunda al sindicato de la compañía de Luz y Fuerza. El SNTE es en especial un cáncer que no ha sido erradicado y es culpable de fugas de dinero impresionantes. Para mí, no hay otra más que erradicarlos si se quiere proyectar una educación integral en México. Y si Calderón Hinojosa no lo ha quitado es porque son sus compinches cuando de movimientos sociales se trata (Y si no, ¿no hemos notado que últimamente que el sindicato está bastante callado y exento de manifestaciones?) Su ineptitud es también culpable del siguiente factor.
Dos: La apatía de la juventud, en especial del estudiante en cualquier nivel de educación. Se va a la escuela porque se le manda o porque hay que ir. No hay en realidad proyectos ni impulso para que un estudiante quiera esforzarse y exija una educación para el mundo en el que vivimos. Gracias a esto, la mayoría de la gente relata que no hay trabajo, cuando el trabajo está destinado a gente preparada en el ámbito profesional y aún así, la bolsa de trabajo, gracias a la recesión económica, está más justa que nunca. Y ésta es, sin duda alguna una de las principales razones por las que se da la fuga de cerebros y también la razón por la que instituciones del prestigio de la UNAM o el IPN están llenos de gente que está allí por cualquier razón menos por la que debería de ser: ir a estudiar y prepararse (omitiendo por supuesto, a la gente que sí está allí comprometida con sus estudios)
Tres: La falta de inversión a instituciones de investigación y desarrollo (En especial los antes mencionados, UNAM e IPN) Si se invirtiera en estos rubros, quizás México no tendría que depender tanto de sus tratados de libre comercio para comprar tecnología de segunda mano, sino que podría estarla desarrollando por iniciativa nacional y no sólo emplearla en el país, sino empezar a exportar tecnología con países de Sudamérica y otros en desarrollo, favoreciendo así el intercambio tecnológico y la economía internacional.
Por último y no menos importante, si se quiere salir de la crisis y fortalecer la economía, se debe tener un líder que cumpla las demandas y exigencias del país. Y una forma muy viable es empezar a eliminar partidos políticos pequeños. En primera, porque no representan un ideal que la población quiera defender o vea proyectado en el partido (Por ejemplo, no creo que las personas que verdaderamente son de izquierda estén felices con la organización de un partido enteramente de izquierda como lo es el Partido del Trabajo). Después, al eliminar estos partidos, se obliga a que no se le concedan recursos más que a partidos políticos que verdaderamente representen una ideología reflejada después en los poderes y se causa un ahorro de recursos en este rubro. Y para finalizar, teniendo a menos partidos, se le exige más a los que existen, orillándolos (sí, orillándolos porque la política en México no trabaja hasta que no se le exige y arrea) a crear nuevas ideas y ser más competitivos, creando así dirigentes de partido y líderes más aptos (aptos dentro de lo que puede esperar) en la política mexicana.
En conclusión, México cuenta con los recursos, pero éstos han sido afectados, mermados y comprometidos con intereses personales. Y hasta que no se erradica y neutralice esta situación, el problema seguirá siendo el mismo que se ha tenido desde 1910: La visión nunca cambia y el poder es para unos pocos. Así de sencillo, a pesar de otros factores, ése es y seguirá siendo el problema de México hasta que cambiemos de visión y paradigmas para hacerle frente a la mediocridad de abolengo que rige nuestro Estado.
¿Y tú? ¿Que estás cambiando?
M.g.H.c.
P.D: Gracias a los twitteros que nos siguen por acá. Y a los de face y a los de todos los medios. Gracias =D
P.D. 2: Un saludo a Pajaropolitico, si es que no está wachando. Y a Epigmenio Ibarra, por ser el pionero de la leída vía twitter.
P.D. 3: Disculpen la tardanza. Seguimos echándole ganas =D
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