De héroes desconocidos y hazañas desconocidas.

viernes, 8 de julio de 2011


Buen día, estimados lectores.

¿Qué tal la lluvia? Me parece uno de los mejores climas que el arquitecto del Universo ha creado jajaja, sí ya sé que a muchos no les simpatiza…a mí tampoco me simpatiza el hecho de llegar al trabajo o atorarme en el tráfico. Todos somos parte de ese gran mosaico de peseros, calcetines enjugados en lluvia ácida y automóviles empañados por el bufar de la desesperación al mirar el reloj. Fuera de eso, repito, es de los mejores climas que hay. Espero que sus vacaciones estén siendo tan productivas, alegres y culturales como lo han sido para su servidor. La nota, a continuación…

Casi al ocaso de las clases (allá por Mayo) tuve la oportunidad de pasearme por el zócalo de la Ciudad de México, una todavía calurosa tarde. Mi asombro se mezcló con una sonrisa y curiosidad al pasar por el campamento del presidencialmente extinto Sindicato Mexicano de Electricistas. El campamento me pareció una pequeñísima ciudad situada en el corazón de la capital: había puestos de comida, gente platicando amenamente, casas (Casas de campaña decoloradas por el sol sería una mejor descripción), un par de establecimientos comerciales de los cuales no compré playeras solo porque no traía algo de dinero (estaban curiosas) y pintura, carteles y manifestaciones por aquí y allá. Sorprendentemente, el SME había levantado esta pequeña urbe y se las ha ingeniado para sobrevivir a lo largo de un período considerable de tiempo (lo sospecho por el olor y las manchas de grasa en el pavimento)

Si se las han ingeniado para sobrevivir así, entonces me pregunto ¿por qué nunca se las ingeniaron para levantar un movimiento mejor estructurado? ¿O para buscar una vía mejor para solucionar su situación laboral? Se tienen buenas ideas y estoy de acuerdo, la manera en que el Estado actuó en contra del sindicato en general no fue la mejor manera de actuar. Sin embargo ¿desde cuándo esperamos que gobernación haga algo bien o que se supere a sí mismo?

Voy a expresar mi opinión a conciencia de que el tema se puede subjetivizar: el sindicato debió haber usado una herramienta de negociación más inteligente que la de depender de una cacique o un líder general que igual que todos nosotros, simples almas ajenas a las paredes de Palacio Nacional, somos susceptibles a la corrupción, al dinero sucio, a las presiones más que cuajadas por la experiencia del Estado. Apoyo la idea de estar en favor de un ideal, cuando el ideal tiene un fin trascendental y el fin es aún más grande que cualquier eslabón de la cadena. Pero en este caso en particular, hay mucha gente provechosa que ha hecho del comercio informal en el zócalo su modus vivendi. Con el comercio informal me sigo refiriendo únicamente al que ha lanzado el SME en esa zona geográfica, no hay necesidad de hacer más grande este tópico.

Mi punto es que el movimiento que empezó siendo una lucha social en favor de los trabajadores (y seguramente, en favor también de aquellos que ganaban cantidades mórbidas de dinero a costillas del sindicato) terminó siendo una terquedad irracional y una excusa más para levantar carteles, desempolvar la casa de campaña y salir a la calle para hacer ruido. No más, no menos.

No intento criticar al sindicato ni ponerme en favor del Estado ni absolutamente nada sumamente político. Simplemente quiero hacer un apunte lo más neutral posible acerca del vacío intelectual que hoy en día tienen los movimientos sociales.

¿Por qué decidí hacer esto? Me dio la gana escribir vivencias. Gracias a la lectura con la que me he contagiado estos días. Leer páginas en relación al movimiento del 68 causa revuelo en las mentes jóvenes y no tan jóvenes que no lo vivimos o lo vivimos en una realidad muy lejana, muy distante a nuestra realidad próxima.

Por otro lado, la selección nacional de fútbol. No se espanten, no voy a ponerme cronista ni fanático. Bien por los chavos que están cambiando la forma de ver las cosas.

Mas…verlos ganar y recibir gloria y besos de todas partes del estadio me hizo remembrar un caso en particular, hace un par de fines de semana: me encontré una heroína desconocida al estar comprando pan de dulce. (¡Ah! Ese pan de dulce infaltable en el café de los domingos)

Una niña de 8 - 9 años con lentes disfrutando de un pan con azúcar. Lentes clásicos de la primaria con ese cordel distintivo para que no los pierdan. Cabello negro y color de piel normal. Lo único que hay que resaltar son tres distintivos: iba en silla de ruedas, tenía un uniforme de selección olímpica nacional y de su cuello colgaba una bonita y bien diseñada medalla de la paralimpiada nacional. La recompensa a su notable esfuerzo es ese pan azucarado y la compañía de sus familiares. Nada más. Y eso le causa la misma sonrisa que tiene la selección de fútbol.

Me acerco a felicitarla y a preguntarle en que ha ganado. Se sonroja y no me contesta. Su madre me relata que ha ganado la medalla de bronce en jabalina y un segundo lugar en lanzamiento de disco y entonces, mi curiosidad (quizás impertinente pero no injutificada) me hace preguntarle “¿Por qué trae una medalla, nada más?”

“Es que sólo participaron dos. Y no se hicieron medallas…pues porque nada más eran dos”

¿No se merecía esa niña el reconocimiento, ya no de un estadio, sino de un amuleto de metal mal bañado en minerales? ¿NO?

Pinches autoridades. Es todo lo que me resta decir.

Habiendo sacado del pecho mis pensamientos, volveré a la caza de la información financiera tan pronto retome la lectura especializada en economía.

Gracias por darte un tiempo y leer algo diferente. Esta vez, gracias por leer mis pensamientos dispersos.

No dejes tus decisiones en manos de los demás. ¿Y tú? ¿Qué estás haciendo?

M.g.H.c.